Eduardo Nava Hernández
Sean estas primeras palabras para agradecer la presencia de todos ustedes en este acto que es, antes que nada, de comunión. Nos congratula el que la Escuela de Economía, nuestra querida Escuela, esté cumpliendo años; y a las de por sí gratificantes tareas cotidianas de la enseñanza y el aprendizaje, agregamos como motivo para esa unión la ocasión de compartir el conjunto de actividades académicas con que hemos querido celebrarla.
Los veintidós años a los que llega la Escuela de Economía pueden ser pocos en la vida de una institución centenaria, perdurable, como lo es nuestra Universidad. Pero, joven como es, su aportación puede ser ya evaluada como considerable, si se atiende a lo que representan las ya numerosas generaciones de profesionales que ha formado, a su presencia pública y a su proyección en la vida de la Universidad, del estado de Michoacán y del país.
Sin renunciar a reconocer nuestras limitadas capacidades, nuestras insuficiencias y errores, no podemos evitar el dejarnos llevar por una modesta pero no ilegítima satisfacción por lo avanzado. Permítasenos dejarla aflorar e invitarlos a compartirla en esta ocasión de gala.
Como universitarios, es nuestra primera responsabilidad no ser ajenos a nuestro entorno. Nos ha preocupado siempre el vincular a nuestra dependencia y a la institución con los problemas de la sociedad y asumir un permanente compromiso con su comprensión y explicación y, de ser posible, con su solución. Esta vez, cuando el ciclo del calendario se prepara a cerrar una de las más dramáticas, centurias de la historia humana, por cualquier parte que se la vea, plena de conflictos, crisis, guerras, cambios revolucionarios, esperanzas y desesperanzas, el mundo explora y se adentra en nuevas formas de estructuración económica y de relación social entre las naciones, los grupos sociales y los individuos, que preparan desde ahora el nuevo siglo.
No pueden sernos indiferentes; por ello, se ha dedicado este aniversario al análisis, desde los puntos de vista de diversos investigadores invitados y comentaristas, de la crisis financiera y social en que México se debate, de la que en gran medida dependen el futuro próximo de nuestra nación y, por qué no decirlo, la viabilidad de las perspectivas de vida de muchos millones, mejor dicho de casi todos los mexicanos.
La complejidad es el signo de nuestros tiempos. Si algo nos enseña la experiencia reciente del mundo y del país es que están desterradas las visiones simplificadoras del mundo, las posiciones doctrinarias, los integrismos, las metáforas de la realidad. Nos ubicamos en condiciones sociales sin precedentes. Nuestro compromiso intelectual debe ser renovado si ha de enfrentar situaciones nuevas, en las que no hay soluciones fáciles para nuestra fiera situación. Humanizar la economía, que ahora menos que nunca puede ser vista como una ciencia de la sola producción y distribución, es el mayor de los desafíos de esta disciplina. En ella cabe, porque nunca le han sido ajenas, renovar las utopías de las que siempre se ha nutrido.
Acaso no sea el menor de los efectos de la presente crisis económica —que ha ido acompañada de una crisis intelectual y de valores— el obligarnos a repensar nuestros proyectos sociales, humanos, de los que depende la infinidad de proyectos individuales que pueden ser y muchas veces no son, no llegan a ser.
Hace unos días apenas, hemos tenido ocasión de reflexionar acerca de ello y de abrir algunas rendijas a la esperanza. Europa, la vieja Europa, nuestra madre intelectual, ha decidido reconocer por fin, en la persona del nuevo premio Nobel de Economía, Amartya Sen, la necesidad de un cambio de visión frente al gran reto del mundo de nuestro tiempo, el que representan el hambre y la pobreza extrema, que son la condición de vida, mejor digamos de existencia, para cientos, quizás miles de seres humanos de ambos sexos y de todas las edades. Ha decidido llamar la atención del orbe sobre lo que esos flagelos sin fin representan, sacudir nuestras conciencias y acaso anunciar que, a pesar de todo, la ciencia económica no renuncia, no puede renunciar a su compromiso con ellos.
Allá mismo, en el Viejo Mundo, un gobierno progresista ha decidido terminar la impunidad de un ex dictador, sin duda convicto de crímenes contra la humanidad, y responsable de cientos de muertes y de haber impuesto el terror y la miseria a todo un pueblo. Este hecho nos viene a recordar un pasado inmediato que no está superado porque fueron muy profundas las heridas que dejó, y porque no pueden éstas cerrarse si no es por la acción reconciliadora de la justicia. Nos recuerda también cómo en ese pasado reciente se nos demostró lo obvio: que una economía inhumana sólo puede imponerse inhumanamente. Ojalá que sean estos hechos los anuncios de que el nuevo siglo y el nuevo milenio vienen preñados de un cambio en las mentalidades, anunciador de nuevos tiempos y de que aún hay espacio para la esperanza.
Si esto es así, tendremos mayores y mejores motivos para celebrar el XXII aniversario de nuestra Escuela. Felicidades, Escuela de Economía, y gracias por darnos la oportunidad de, a través de ti, compenetrarnos de nuestro tiempo, y, al hacerlo, tratar de ser mejores seres humanos.
*Discurso pronunciado con motivo del XXII Aniversario de la Escuela de Economía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán, 26 de octubre de 1998.

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