Eduardo Nava Hernández
Para hacer patente su incondicional alineamiento con la política federal hacia las instituciones de educación superior, el rector de nuestra Universidad, Lic. Daniel Trujillo Mesina, decidió hace unos días invitar como orador oficial de la tradicional ceremonia del 8 de mayo al nuevo secretario ejecutivo de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior), el Mtro. Carlos Pallán Figueroa.
Es difícil no ver como un desacierto el que, en estos momentos, y precisamente en la fecha más significativa del calendario nicolaita, sea la voz de la ANUIES la que ocupe la principal tribuna, no porque el invitado carezca de méritos académicos, sino por lo que la política actual del organismo que preside representa como negación de mucho de lo que el nicolaicismo ha sido históricamente.
Y es que desde hace muchos años, esa Asociación ha servido mucho más como correa de transmisión de las políticas generales diseñadas en la Secretaría de Educación Pública que como legítima expresión de las necesidades y preocupaciones de las universidades públicas. Nada expresó la ANUIES en su momento que cuestionara el virtual abandono por el Estado de sus responsabilidades frente a la educación media superior y superior, plasmado ahora en la nueva redacción del artículo 3º constitucional; tampoco ha hecho nada por denunciar y menos aún por frenar el gravísimo deterioro de los salarios académicos y universitarios en general durante los últimos diez años. Sí, en cambio, ha servido para promover por doquiera la elevación de las cuotas que se cobran (inconstitucionalmente hasta hace unos meses) a los alumnos de las instituciones públicas universitarias, así como para diseñar y aplicar las políticas productivistas concebidas en la SEP.
La más reciente de estas medidas es la propuesta –aprobada en lo general en la Asamblea de Mérida hace una semana y que Pallán promovió activamente– de crear el “examen general de calidad profesional”, aplicable a los titulados universitarios como condición para la entrega de la cédula profesional. Naturalmente, esta medida, que sólo evalúa el producto (los egresados), pero no el proceso educativo mismo, resulta periférica o incluso externa al proceso de enseñanza y de investigación, pero operará más como mecanismo de control y de restricción a la de por sí precaria autonomía de nuestras instituciones, concretamente poniendo en cuestión su capacidad para expedir títulos. Es típica de la mentalidad con que hoy se dirige la política educativa hacia el sector.
No sería sorprendente, así, que el maestro Pallán Figueroa se animara, por ejemplo, a recomendar, en el recinto del Colegio creado por Vasco de Quiroga para servir e instruir “perpetuamente gratis”, a los naturales de Michoacán, que nuestra Universidad aumente sus ingresos propios por medio de la elevación de cuotas a los estudiantes.
Pero además, la elección del Lic. Trujillo ha entrado en conflicto con propuesta de los estudiantes del Colegio de San Nicolás, que con anterioridad habían anunciado su intención de invitar como orador principal del acto al senador Porfirio Muñoz Ledo.
Hay que decir que, aunque el senador perredista es versado en la historia de México y estuvo vinculado en una etapa de su vida, como titular de la SEP, a las tareas educativas, su presencia en el acto del 8 de mayo tiene resonancias político-partidarias inocultables. Muñoz Ledo, como se sabe, es aspirante a la presidencia nacional de su partido, el PRD. Llega a un estado para él clave en el que la dirigencia encabezada por Cristóbal Arias ha hecho patente su compromiso militante con otro candidato, y su discurso será, inevitablemente, un acto de campaña; en eso le cabe razón al rector Trujillo, que por su parte fue incapaz de presentar una propuesta alejada de todo partidarismo.
No será la primera vez que en torno de la tradicional ceremonia del Natalicio de Hidalgo se generen desacuerdos y forcejeos entre los miembros de la comunidad universitaria; más bien casi nunca han estado ausentes en esta significativa fecha. Pero en esta ocasión no se trata de un dilema entre la “política” y la “academia”, como se ha presentado por las autoridades e incluso por un editorial publicado en este mismo diario, sino entre dos tomas de partido igualmente políticas. El trasfondo generado no sólo por el Consejo Estudiantil Nicolaita sino también por el rector, es político y refleja las posiciones que permean, aparentemente de manera irremediable, la vida toda de Michoacán. Tan político es hoy por hoy ser presidente de la ANUIES de los tiempos salinistas (porque es al titular de esa posición, no al académico Pallán Figueroa, a quien invita el rector Trujillo), como ser senador de un partido de oposición.
Lo conveniente hubiera sido, y deberá serlo para las ocasiones futuras, no romper la concertación entre los organizadores del acto, llegar a acuerdos entre las partes excluyendo la unilateralidad que ahora lleva a estos roces y mantener el pluralismo, que es parte consustancial del espíritu nicolaita, del ser universitario y de la tradición de los 8 de mayo.
Morelia, Mich., 6-7 de mayo de 1993.
- Artículo publicado en el diario Cambio de Michoacán, 8 de mayo de 1993.

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