Eduardo Nava Hernández
MORELIA, 8 de mayo de 1921. Por primera vez en la historia de Michoacán, se conmemora aquí el Día del Trabajo. Es domingo: la significativa fecha no se pudo celebrar el día 1º por haberse realizado en el estado la elección de jueces menores. Se hace coincidir la conmemoración, además, con el natalicio del Padre de la Patria. Miguel Hidalgo.
La Casa del Obrero Mundial, la Confederación Regional Obrera Mexicana y los sindicatos locales convocan a diversos actos donde participan agraristas y sindicalistas de Michoacán. Por la mañana, en el Teatro Ocampo y en las oficinas sindicales se realizan actos cívicos recordando el sacrificio de los obreros anarquistas de Chicago en 1886, con oradores como Guillermo Palacios y el inmigrado español Sebastián San Vicente, de la Confederación General del Trabajo. Por la noche, la Casa del Obrero Mundial efectúa una velada luctuosa en memoria de los Mártires, en la que intervienen Juan Ascencio, José Álvarez y Gasca y Othón Sosa.
Ya era demasiado la presencia de dirigentes anarquistas y comunistas de diversos lugares del país para la recatada y tradicionalista capital michoacana, donde el clero, los ortizrubistas y lo que queda del Partido Liberal ven con enorme antipatía al gobernador Francisco J. Múgica, agrarista radical, jacobino y anticlerical convicto. Pero lo que más irrita a la Iglesia es la manifestación obrera, en la que los sindicalistas llevan como estandartes las figuras de los mártires de la lucha por la jornada de ocho horas, como Spies, Parsons, Engel y otros.
Al llegar al centro de la ciudad, la marcha se detiene. Los oradores comienzan a arengar a la masa denunciando la explotación capitalista, y los obreros, exaltados, suben a las torres de la Catedral para colocar y hacer ondear sobre ellas las banderas rojinegras. De pronto, un hombre lanza un grito incendiario:
— ¡No queremos más engañifas! ¡Abajo los curas! ¡Viva la revolución social!
Acto seguido, corre hacia el interior del templo y, secundado por un grupo de manifestantes, se apodera de una imagen de la virgen de Guadalupe, que queda destrozada.
Chicago, treinta y cinco años antes, 1º de mayo de 1886. En esta y otras ciudades de los Estados Unidos estalla la huelga general por conquistar la jornada laboral de ocho horas, convocada inicialmente por la Federación de Trabajadores de los Estados Unidos y Canadá en 1884. Durante dos años, la consigna de las ocho horas ha movilizado cada vez más trabajadores y sindicatos. Chicago se ha convertido en el centro de la movilización obrera y algunas empresas se han visto obligadas a ceder; ello, lejos de desalentar a los trabajadores, los empuja a continuar para conseguir la reducción de la jornada en donde aún no se logra.
La huelga logra movilizar a 340 mil trabajadores en todo el país; de ellos, alrededor de 80 mil en Chicago y el resto en Nueva York, Pittsburgh. Washington, San Luis, Louisville. Decenas de miles marchan por el centro de la ciudad: zapateros, carpinteros, albañiles, dependientes del comercio, tipógrafos, fabricantes de planos, herreros, mecánicos… Hay una gran confianza en el triunfo cuando 25 mil de ellos se concentran en el mitin central en Lake Froot con toda su combatividad. La policía no interviene.
Morelia, l2 de mayo de 1921. ¡Profanación! ¡Profanación! es el grito con el que el arzobispado, los Caballeros de Colón, la Universidad Pontificia Mexicana, los obispos y diversas organizaciones católicas aprovechan los incidentes del día 8 para enfilase contra las organizaciones obreras y el gobierno del general Múgica. En la Catedral y en diversos templos de Morelia se han organizado en los días anteriores actos de desagravio a la Guadalupana, y se ha convocado al pueblo, bajo pena de excomunión, a una concentración masiva frente al Templo de San Diego.
El ambiente está caldeado. Hay riesgos de confrontación desde que Múgica asumió el poder. Los hechos del 8 de mayo aparecen tras de varios meses de agitación. En octubre de 1920, huelgas generales en Veracruz, la región carbonífera de Coahuila y Michoacán movilizaron a 53 mil trabajadores. Aquí, en apoyo a los mineros de Dos Estrellas. La Iglesia y los liberales no están contentos con el gobierno estatal y los ortizrubistas, comandados desde la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas de la Federación, preparan el momento de dar un golpe.
El gobierno estatal y el de Morelia hacen esfuerzos por impedir la concentración de guadalupanos. Portando estandartes religiosos y cartelones contra los socialistas y los “bolcheviques”, los clericales están decididos a llevarla a cabo en abierto desafío y cueste lo que cueste. El inspector general de policía de la ciudad, Vicente Coyt, intenta con sus insuficientes fuerzas impedir que avancen hacia el centro, donde, por su parte, se concentran ya los sindicalistas y socialistas.
Como un último esfuerzo para evitar lo que puede ser un sangriento choque, Coyt solicita al jefe de la Comisión Local Agraria, Isaac Arriaga, que se dirija a la multitud católica para disuadirla de avanzar.
Chicago, 4 de mayo de 1886. Esta vez, el mitin por las ocho horas ha sido convocado en la Plaza Haymarket. En los días anteriores, la huelga se ha levantado con una victoria en algunas fábricas; en otras ha tenido que replegarse, pero continúa combativa en muchas otras, como en McCormick, donde cientos de obreros han sido despedidos en los últimos meses y la policía atacó el día anterior dejando como saldo un muerto y varios heridos entre los trabajadores.
En Haymarket hablan August Spies y Albert Parsons, propagandistas y promotores de la Asociación Internacional de Trabajadores de Chicago. Al terminar este último su discurso, se retira junto con su familia y algunos compañeros a discutir las próximas tácticas a seguir, en un café de la ciudad, el Zept Hall. Toma la palabra en el mitin Sam Fielden, tejedor inglés de 41 años, pero la gente comienza a dispersarse. Cuando sólo quedan en la plaza unas 300 personas escuchándolo, la policía aparece y avanza para disolver el mitin.
Al momento de acercarse la policía, una bomba surgió de entre la multitud de los uniformados. Cerca de 60 cayeron, varios de ellos gravemente heridos, y uno murió en el mismo lugar. En la confusión, la policía disparó contra el mitin, dejando una gran cantidad de muertos y heridos entre los asistentes.
Morelia, 12 de mayo de 1921, La multitud llega a la esquina de Acueducto y la calzada de Guadalupe, dirigiéndose hacia el Jardín de Villalongín. El primero en hablarles es el inspector Coyt, y luego el nicolaita Isaac Arriaga. Éste, famoso por su oratoria cuando estudiante y luego como diputado, trata de disuadir a los católicos de continuar. En ese momento un individuo, Eladio García, se le acerca por la espalda y le dispara a quemarropa en la nuca. Arriaga, paladín del agrarismo y fundador del Partido Socialista Michoacano, cayó muerto instantáneamente sobre las baldosas. Fue la señal para que la muchedumbre se lanzara decididamente contra los policías y los socialistas en un enfrentamiento que dejó quince muertos y más de cuarenta lesionados sobre el pavimento de Villalongín y Acueducto.
Chicago, mayo de 1886. Tras los acontecimientos de Haymarket, la policía desata una amplia persecución contra los dirigentes y militantes obreros. Más de quinientos fueron detenidos, pero la represión se ceba sobre Albert Parsons y Adolph Fisher, que estaban en el café cuando la bomba fue arrojada; August Spies, que sí estaba en el mitin, conversando con un camarada; Sam Fielden, quien hablaba a la vista de todos en el momento del bombazo; Michael Schwab, Louis Lingg, Oscar Neebe y George Engel, quienes no habían acudido siquiera, por diversas razones, a Haymarket el 4 de mayo.
Lo que todos ellos tienen en común es el ser activistas de las ocho horas y profesar ideas anarquistas. El gobierno de Illinois organiza un amañado enjuiciamiento, con testigos falsos, jurados parciales y campañas de prensa contra los acusados.
México, D.F., 14 de mayo de 1921. Por disposición del presidente Álvaro Obregón, el secretario Fernando Torreblanca expide una circular a la Secretaría de Gobernación y Relaciones Exteriores: Libérese orden de captura y deportación de acuerdo al artículo 33 constitucional contra agitadores extranjeros involucrados asunto Morelia e incidente Cámara de Diputados. Sebastián San Vicente, español; Richard Frank Phillips, norteamericano; Natacha Michailowa, polaca; José Rubio, español; Karl Limon, alemán; Sánchez, colombiano; José Allen; J. Paley, norteamericano; William Foertroeyer norteamericano. Ejecútese.
Chicago, 21 de junio de 1886. Se inicia el juicio contra los inculpados por los hechos de Haymarket, a quienes acusa de la explosión de la bomba que mató a siete policías. En el curso de los alegatos, se derrumban las falsas pruebas preparadas contra los activistas obreros, pero el juicio sigue adelante. ¡Es la anarquía a la que se juzga!, dijo August Spies. “¡Si es así, por su honor, que me agrada, yo me sentencio porque soy anarquista! Adolph Fisher declaró; “He sido tratado aquí como asesino y sólo se me ha probado que soy anarquista. Repito que protesto contra esa bárbara pena, porque no me probaron crimen alguno. […] Si la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la libertad humana, entonces, lo digo muy alto, dispongan de ml vida”.
Con excepción de Neebe, acusado sólo de conspiración, todos los enjuiciados fueron sentenciados a morir en la horca. Algunos meses después, a Schwab y Fielden se les conmutó la pena a quince años de prisión.
Louis Lingg se suicidó en noviembre de 1887, al anunciársele que sería ejecutado al día siguiente. Albert Parsons, August Spies, George Engel y Adolph Fisher fueron llevados al cadalso. Fisher y Spies murieron gritando ¡Viva la anarquía! Parsons alcanzó a decir: “¡Dejen que se oiga la voz del pueblo!”.
Fielden, Schwab y Neebe fueron amnistiados años después por el nuevo gobernador de Illinois, pero la injusticia de sus penas y el sacrificio de sus compañeros los consagró a todos ellos para la posteridad como los Mártires de Chicago.
- Artículo publicado en el suplemento Cambio en la Cultura del diario Cambio de Michoacán, 2 de mayo de 1993.

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