Para la Universidad, el inicio de la discusión y aprobación del nuevo Estatuto no sólo representa el cumplimiento de una tarea pendiente desde 1986, cuando se promulgó la nueva Ley Orgánica que la rige; puede implicar también la ocasión para un avance en su democracia interna y aun para una revitalización de la convivencia comunitaria. Como principal reglamento, al Estatuto corresponde normar un conjunto de temas cardinales en la vida académica, política y administrativa de la institución, y de sus preceptos depende en mucho la adecuada marcha de la misma.
Aunque iniciada con procedimientos deficientes, con desinterés o desconocimiento por grandes franjas de universitarios y con un proyecto en varios sentidos insatisfactorio, la discusión del Estatuto al interior del Consejo Universitario ha permitido comenzar a recuperar el dinamismo y el papel de esta máxima instancia de gobierno como órgano normativo general.
Entre lo positivo a destacar en la actual discusión está el haberse abierto, más allá del proyecto de la Comisión permanente de Organización y Métodos, a las propuestas de procedimiento presentadas por otros sectores. Concretamente, se destaca el que se haya adoptado como método de trabajo la proposición del SPUM de constituir comisiones especiales para tratar los temas de contenido nodal en el Estatuto; entre ellas, el Consejo integró las de Relaciones Laborales, de Estructura y Gobierno, de Alumnos y Servicio Social y de Patrimonio Universitario, además de las de Recepción, Distribución y Difusión y de Estilo y Forma, propuestas por la Rectoría.
La presencia permanente y participante del Sindicato de Profesores, a través de su Comité Ejecutivo, ha permitido también que en el debate se subsanen algunas de las deficiencias del proyecto original, como la omisión, en el artículo 2º, de los conceptos de autonomía universitaria y comunidad universitaria, correctamente definidos, por lo demás, en la Ley Orgánica.
Falta, sin embargo, todavía, motivar una mayor participación de los sectores que conforman la comunidad universitaria, a fin de retroalimentar el trabajo de las comisiones especiales y preparar y sustentar más las intervenciones de los consejeros. Es notoria la falta de preparación de muchos de ellos en torno a los temas a discutir, la pasividad de otros tantos y aun la ausencia reiterada de algunos en los debates. Entre estos últimos, uno de los más lamentables casos es el de la representación de los empleados administrativos sindicalizados.
Las comisiones especiales, por su parte, necesitan presentar con una más rigurosa fundamentación sus propuestas y abrirse a las aportaciones de dentro y de fuera del Consejo Universitario. El haber trabajado como comisión no debe ser argumento para ignorar otros aportes ni para negarse a incorporar las críticas o simplemente las ideas que surjan en la discusión.
También es evidente la necesidad de que la Comisión de Recepción, Distribución y Difusión agilice la divulgación entre el conjunto de la comunidad del proyecto estatutario y de las propuestas y variantes existentes. Sólo de ese modo se logrará propiciar el interés y la participación de estudiantes, profesores y empleados en esta trascendente discusión. Se requiere publicar y difundir ampliamente la integración de las comisiones espeaciales, a fin de que los universitarios sepan a quiénes dirigir sus propuestas, además de hacerlo a través de sus propios consejeros.
En 1984, el Consejo Universitario vivió ya una enriquecedora experiencia, durante la discusión del nuevo proyecto de Ley Orgánica. En esa ocasión, tanto por parte de la Rectoría como al interior del Consejo campearon la tolerancia, el respeto y la apertura a las diversas posiciones, todas las cuales contribuyeron a la elaboración de un documento avanzado y democrático. Desde aquella ocasión se sentó también una sana tradición de participación por parte del Sindicato de Profesores en el debate normativo, tradición que hoy deseamos mantener y desarrollar. Dentro del espíritu que anima a nuestra Ley Orgánica, a nuestra Declaración de Principios y nuestros Estatutos, hacemos un fraternal llamamiento a nuestros compañeros profesores para expresarse a través de las instancias sindicales en torno de este proceso de discusión. El SPUM proseguirá comprometido con los intereses del sector académico, con el interés general del resto de la comunidad y con el avance democrático de la Universidad.
Morelia, Michoacán, 27 de agosto de 1993.

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