- A pesar de que se ha convertido en un término de uso común en el lenguaje periodístico y aun en el cotidiano de muchos mexicanos, el neoliberalismo aparece como un concepto difuso, siempre con una carga peyorativa, a veces asumido de manera vergonzante por quienes lo defienden, pero en realidad inasible en su integridad por quienes lo padecen. Esto es, resulta más fácil percibir sus efectos particulares sobre distintos ámbitos de la economía y la política que su lógica interna. De esa manera, con frecuencia se habla del neoliberalismo como una perversidad o deformación del desarrollo, o como una imposición arbitraria urdida por intereses y grupos muy particulares a escala internacional (el FMI, el Banco Mundial, el gobierno de los Estados Unidos, etc.), cuyos agentes ejecutores en el país han sido los miembros de una tecnocracia cosmopolita y desnacionalizadora, formada en las universidades del extranjero y que ha asimilado profesionalmente el neoliberalismo como una ideología. Así, se hace referencia al neoliberalismo con términos que lo vinculan a ciertas formas de subjetivismo: “modelo”, “paradigma”, “proyecto” o “política neoliberal”, que lo hacen aparecer como el resultado de una imposición ideológica, sin profundizar mayormente en sus determinaciones objetivas.
- La reorganización neoliberal del mercado mundial y de las economías nacionales es, pues, en primera instancia una respuesta —con sus diversas expresiones nacionales— ante la crisis general del capitalismo y un intento de recuperación frente a esta última. El neoliberalismo y la internacionalización (hoy llamada globalización por la escala planetaria que ha alcanzado) son la prolongación, en la era del capital monopólico, de las tendencias espontáneas del desarrollo del capitalismo liberal, conforme éste se expandió a lo largo de todo el siglo XIX y que sólo después de la Primera Guerra Mundial y la gran crisis de los años treinta fue modificado por la acción política de las clases subalternas y el intervencionismo estatal. El primero de estos factores, actuando bajo la influencia de las diversas modalidades del pensamiento socialista, logró impulsar en Rusia el primer experimento de construcción de una sociedad no capitalista, y expandir en Occidente la democracia, y los derechos sociales. El segundo constituyó la respuesta del sistema a la crisis general y a la amenaza de mayores convulsiones sociales generadas por el empobrecimiento de las masas. La segunda posguerra, como uno de los periodos de mayor expansión global del sistema capitalista, al tiempo que ampliaba el intervencionismo estatal promovía el crecimiento de los mercados y expandía los dominios del capital en el ámbito internacional hasta donde lo permitía la guerra fría.
La crisis de los años setenta puso fin a esa etapa y mostró el agotamiento del estatismo como promotor de la acumulación, dado su alto costo fiscal que mermaba la plusvalía social y limitaba en consecuencia la apropiación privada de la ganancia social. La respuesta del capital financiero internacional fue desde finales de los años setenta del siglo pasado el retorno a la doctrina del liberalismo como mecanismo de reapropiación de la ganancia social, acompañada de diversas medidas económicas y políticas para ampliar la escala de la acumulación.
3. La reestructuración del capitalismo tiene, por lo tanto, un carácter eminentemente internacional, con la particularidad de expresar el predominio del capital financiero como eje de los procesos de acumulación y centralización a escala mundial, y la creciente subordinación a éstos de los grupos y expresiones nacionales del capital. La reestructuración ha ido acompañada desde los años ochenta por una nueva revolución tecnológica centrada en las telecomunicaciones, la informática y la flexibilización productiva posfordista, que ha relanzado los niveles de productividad del capital.
4. El debilitamiento del movimiento sindical y popular y del intervencionismo estatal desde los años ochenta ha acentuado a escala mundial las contradicciones propias del sistema en la distribución de la riqueza. La globalización aparece como la internacionalización desprovista de regulación por los organismos públicos nacionales o internacionales, como una tendencia a la concentración y centralización a escala mundial y como una tendencia a la profundización de las desigualdades sociales.
5. En México la nueva lógica de expansión coincidió con la crisis del Estado desarrollista surgido de la Revolución Mexicana y del compromiso constitucional de 1917 que, para buscar la pacificación del país, vino a conciliar el radicalismo social y agrario del magonismo, el zapatismo y el villismo con el proyecto de desarrollo capitalista surgido desde el porfirismo y expresado durante la Revolución por el carrancismo y los rancheros sonorenses. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, ese pacto se replegó y dio paso a una política de realineación con el imperialismo estadounidense, en tanto que los puntales de la política cardenista —reforma agraria, impulso a la organización obrera, Estado rector, derechos sociales, nacionalismo y antiimperialismo— quedaron incorporados al sistema como recursos de los que durante varias décadas dependió la legitimación política del régimen.
La crisis internacional de los setenta aceleró la crisis del desarrollismo mexicano que, con una política proteccionista, rectoría económica del Estado y control corporativo sobre las masas aseguró entre los años cuarenta y los setenta una prolongada etapa de industrialización sustitutiva de importaciones, urbanización y crecimiento económico. Esa etapa llegó a su fin en la década de 1970, cuando las bases que lo habían sustentado exhibieron su agotamiento. Para entonces, era evidente la disminución del PIB (que de un promedio de 6.9 en el periodo 1960-1965, cayó al aún elevado 5.5 entre 1970 y 1975), la caída de la producción agrícola (que bajó de 4.6 por ciento en 1960-65 a sólo 1.4 en 1970-1975) y de la producción industrial manufacturera; y el crecimiento de la inflación hasta un 10.3 % anual en el periodo 1970-75, y aumentó hasta el 29.1 % en 1977, contrastando con el ya lejano 2 por ciento que había sido emblemático del desarrollo estabilizador. La crisis fiscal se enseñoreaba de las finanzas estatales en tanto que se agravaba el desequilibrio de la balanza comercial. Según un estudio del economista Abelardo Mariña, la tasa de ganancia disminuyó de un 40 % en 1952 al 25 % en 1976.
A partir de 1977 el capitalismo mexicano tuvo una segunda oportunidad al inaugurar la explotación de los riquísimos mantos petroleros de Chiapas, Tabasco y la Sonda de Campeche, que aportaron un nuevo caudal de recursos a las finanzas públicas y aceleraron la integración de México a la economía estadounidense. El espectacular crecimiento del periodo 1978-1981 (que pareció reeditar la experiencia del “milagro mexicano” de los años sesenta) se fincó en un elevado endeudamiento externo de Pemex —que llegó a 25 mil millones de dólares, un tercio de la deuda total del país— y en las expectativas de altos precios del petróleo en el mercado mundial por un largo periodo. En los años mencionados, el Estado recuperó su papel rector, ensayó un nuevo impulso a la producción agropecuaria y mantuvo su política proteccionista pese a las presiones de los estados Unidos y del capital transnacional para que nuestro país se integrara al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio). El fin de esa etapa sobrevino con la drástica caída de los precios petroleros y la brusca elevación de las tasas de interés en el mercado mundial, arrastrando al país a una nueva crisis de insolvencia que se agregó a la sobreacumulación de capital de esos mismos años. La crisis de 1982 marcó en México el final de la política desarrollista, el inicio de la era del neoliberalismo y la adopción de un plan de estabilización pactado con el FMI, semejante al que ya se había negociado en 1976.
6. Lo que convencionalmente se llama neoliberalismo es, pues, una estrategia de reorganización del aparato productivo y la sociedad en función de los intereses del gran capital, que abarca diversos aspectos: a) la ofensiva contra el mundo del trabajo; b) la apertura de los mercados y la integración con los grandes bloques comerciales, en el caso de México con el mercado de los Estados Unidos y secundariamente Canadá y la Unión Europea; c) La privatización de la ganancia social mediante la desincorporación del capital estatal; y d) la modernización de la planta productiva y del sistema de circulación del capital comercial y financiero.
7. La ofensiva del capital contra el trabajo es anterior a la era de la modernización neoliberal, y de hecho fue su primera condición. Se inició con la reducción del salario real desde la crisis de 1976 (año que se relacionó con el nivel histórico más alto de los salarios reales) y con la imposición de topes salariales en 1977. Dichos topes, conjuntamente con el proceso inflacionario, abatieron los niveles de remuneración real para el conjunto de las clases trabajadoras, lo que no se frenó con el auge petrolero. Al término de 1981, los salarios reales habían descendido a un nivel semejante al de 1967. Tan sólo en cuatro años, entre 1989 y 1993, el salario real perdió el 27 por ciento de su poder adquisitivo. Desde entonces, la política salarial no ha variado, manteniendo como fundamento el constante deterioro de las retribuciones al trabajo por incrementos siempre iguales o inferiores al índice inflacionario, como un mecanismo de control de la propia inflación y, sobre todo, de elevación —siempre sólo transitoria — de la tasa de ganancia. En consonancia con la política monetarista, el gasto público destinado al beneficio social cedió terreno, reorientándose primordialmente a apoyar de manera directa la acumulación. Algunas medidas para la liquidación del Estado benefactor coinciden con la política de fortalecimiento del sector financiero, como la privatización de los fondos de pensiones iniciada en el gobierno de Ernesto Zedillo, profundizada en el de Vicente Fox con la reforma a la ley del IMSS y proseguida ahora en el de Felipe Calderón con la nueva Ley del ISSSTE.
8. La apertura de los mercados fue una estrategia largamente aplazada durante la vigencia del Estado benefactor, pero ineludible dentro de la recomposición del capitalismo mexicano. La integración con los E. U. no se inicia, desde luego, con el Tratado de Libre Comercio de 1994, sino tres lustros antes, con el auge petrolero del sexenio de José López Portillo. En 1981, al momento del desplome y la recesión, México ya vendía el 80 por ciento de sus exportaciones petroleras a los Estados Unidos, a precios inferiores a los de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), y más de la mitad del endeudamiento externo mexicano era con la banca estadounidense. México era, además un importante proveedor de la reserva estratégica de los Estados Unidos —que más adelante sería utilizada para abatir los precios de los hidrocarburos y aniquilar la política defensiva de la OPEP). Pero la apertura del mercado interno —que había sido rechazada en 1980 por el gobierno mexicano— se impuso en 1986 con el ingreso de México al GATT (antecedente directo de la actual Organización Mundial de Comercio), y sobre todo en 1993 con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que vino a culminar la integración de México con la economía estadounidense. En la actualidad México es una de las economías más abiertas en el mundo y la que mayor número de tratados comerciales ha signado con diversas regiones del planeta; pero su tendencia ha sido el alejamiento del área latinoamericana y la creciente dependencia con respecto de los Estados Unidos.
9. La desincorporación y liquidación de las empresas públicas, que constituye una forma de la privatización de la plusvalía social, se inició tras la crisis de 1982, comenzando con el efímeramente nacionalizado sector bancario. Al asumir el gobierno Miguel De la Madrid, privatizó el 34 por ciento de las acciones de la banca que había sido estatizada por López Portillo el 1 de septiembre; y a continuación inició la desincorporación de 743 empresas estatales y la reducción del gasto público, de 30 por ciento del PIB que había sido en 1981, a 17 % en 1982. La privatización total de la banca y de las empresas antes consideradas “estratégicas” se completó en los gobiernos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, con la venta de Teléfonos de México, las empresa mineras, las plantas siderúrgicas, las comunicaciones satelitales y los ferrocarriles. La silenciosa apertura de Pemex y de la generación de energía eléctrica al capital privado —fundamentalmente extranjero—avanzó durante los gobiernos panistas, con los llamados Proyectos de Infraestructura Productiva de Largo Plazo (Pidiregas) para el sector energético, desarrollados con participación privada.
10. La modernización productiva ha corrido a cargo de la gran empresa y los capitales extranjeros. Las crisis catastróficas de 1976, 1982, 1987 y 1995, y la apertura comercial han afectado a un gran número de pequeñas o medianas empresas que no lograron su modernización productiva y que quebraron o han quedado en desventaja frente a los productos extranjeros. El sector maquilador ha sido el que más inversión extranjera atrae, aprovechando las diferencias salariales de México con los Estados Unidos, que actualmente ya llegan a una proporción de 1 a 12. Desde de la firma del TLC se instalaron en México más de mil plantas maquiladoras, y el número de trabajadores que laboran en ellas se duplicó, alcanzando alrededor de un millón. Con el TLC se completó también el proyecto de inserción de México en los mercados financieros, particularmente a los de los Estados Unidos, donde un mayor número de empresas mexicanas realizan operaciones bursátiles. La concentración del ingreso ha permitido a varios mexicanos ser incorporados a la lista de los hombres más ricos del mundo.
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11. La transformación del sistema político ha sido uno de los resultados más visibles de la modernización mexicana en los últimos lustros, desplegándose tanto desde arriba, en el aparato corporativo, como desde abajo, a partir de rupturas en el sistema. A partir de la crisis de 1982 y de la nacionalización de la banca, diversos grupos empresariales rompieron su alianza con el PRI y comenzaron a apoyar soterrada o abiertamente al Partido Acción Nacional como opción para impulsar el cambio, llevándolo a ganar varias de las presidencias municipales más importantes del norte del país y, a partir del gobierno de Carlos Salinas, el gobierno local de Baja California y luego otros gobiernos estatales. Durante ese mismo periodo se operaron los cambios más importantes al bloque de poder: la refuncionalización del corporativismo tradicional con los cambios (decididos desde la presidencia de la República) de las dirigencias de los sindicatos petrolero y magisterial, y un nuevo pacto corporativo con las burocracias sindicales que compartían el proyecto modernizador, como la de los telefonistas. Los cambios a los artículos 3°, 27 y 130 de la Constitución, para otorgar reconocimiento y derechos políticos a la Iglesia Católica y para incorporar al mercado las tierras ejidales, así como la negociación del TLC, consolidaron un poderoso bloque dominante encabezado por la oligarquía financiera, la burguesía agroindustrial, el clero, el imperialismo y hasta el PAN, al que se le empezaban a reconocer algunos de sus avances electorales.
12. La lógica del neoliberalismo ha generado diversos tipos de respuestas en el campo popular, que van desde la reacción del sector “nacionalista revolucionario” del propio sistema político hasta tendencias radicalmente contrapuestas a este sistema como conjunto, pasando por diversas formas embrionarias de poder popular. La definición del gobierno de De la Madrid por la tecnocracia modernizadora en 1988 precipitó la ruptura del partido oficial encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, por su ala izquierda y desde las bases, generando la más amplia movilización opositora hasta ese momento. A la coalición cardenista se sumaron las organizaciones y movimientos sociales de la izquierda y los que habían emergido en esos años, como los surgidos con el terremoto de 1985 y los estudiantes de la UNAM. La fuerza opositora obligó a operar un fraude de enormes dimensiones para colocar a Carlos Salinas en la silla presidencial. En 1994, tras la reforma a la legislación agraria, brotó en Chiapas la insurrección indígena zapatista, que cuestionó a fondo la legitimidad de ese bloque de poder, aunque dio paso a una reacción electoral adversa a la izquierda que permitió al PRI, conjuntamente con otros factores, mantenerse por un sexenio más en el poder.
13. La elección presidencial de 2000 pareció ser un avance y aun la consolidación de la democracia en el país: por primera vez se contaba con una elección creíble, que no fue cuestionada por ninguno de los actores políticos y que daba lugar a una hasta entonces impensable alternancia en el poder. Tras la crisis catastrófica de 1994-1995 y el creciente debilitamiento del PRI por la movilización social, el gobierno pasó a manos el PAN y sus aliados (la recompuesta oligarquía financiera y los “Amigos de Fox”), dando lugar a lo que parecía un gobierno de transición pero que en realidad expresó una alternancia al interior del bloque de poder configurado desde los años anteriores y como una afirmación de éste, esta vez con exclusión del antiguo aparato electoral priista. Sin embargo, el gobierno foxista terminó con un gigantesco fraude electoral para imponer al candidato panista en la presidencia y, sobre todo, para impedir que arribara a ésta el nuevo líder izquierdista Andrés Manuel López Obrador, desde el 2000 jefe de Gobierno del Distrito Federal y cabeza de una amplia coalición de partidos y fuerzas sociales de la izquierda. El costo de esa operación política está resultando enorme para el bloque de poder, que no ha podido derrotar de manera definitiva al líder izquierdista y sí, en cambio, comienza a presentar fracturas importantes entre los diversos actores que participaron en la falsificación del proceso electoral de 2006.
14. El neoliberalismo ha cumplido ya su ciclo en México, en el sentido de que ha logrado, en un periodo relativamente breve, completar la liberalización de los mercados —desde luego con excepción del de la fuerza de trabajo—, la integración con la economía estadounidense y la apertura al capital extranjero, la privatización de la plusvalía social y la modernización de la planta productiva en sus sectores esenciales. Tres son los grandes déficits que, en el balance, deja la trayectoria del neoliberalismo en México: la distribución del ingreso, la democracia política y la honestidad y el apego a la legalidad en el ejercicio del poder. Después de cinco o seis lustros de políticas neoliberales y predominio ideológico de la derecha, México es un país más desigual, con graves reversiones en materia de derechos humanos y en la democracia política, y en el que la corrupción sigue siendo un componente presente en todos los niveles de la práctica gubernamental, en el sector empresarial y en muchos de los organismos sociales.
15. La reorganización del capitalismo mexicano bajo la lógica neoliberal de acumulación no ha impedido que se produzca en el país, paralelamente a la modernización económica, una modernización social: avances en la defensa de los derechos humanos, apertura política, libertades sociales, reconocimiento a las diferencias, protección a los sectores más débiles de la fuerza laboral y de la población en general, mayor conciencia social de los derechos de las mujeres, indígenas, ancianos y sectores vulnerables, defensa de la ecología, etc. Estos avances han sido producto de luchas sociales libradas a lo largo de un periodo prolongado, pero no son irreversibles. Tienen que ser defendidos, al igual que los derechos sociales aparentemente ya consagrados por la ley, pero que constantemente se ven amenazados por el avance de la ideología y las prácticas del capitalismo rampante revestido de neoliberalismo: la rectoría del Estado en la economía y el Estado laico, el derecho a la educación pública, gratuita, universal y laica, el derecho a la salud y a la jubilación, el derecho de huelga y la autonomía sindical, etcétera, que están en la mira del capitalismo salvaje. En varios de ellos ha habido y podrá seguir habiendo retrocesos, de no formarse amplios y firmes frentes sociales que los consoliden.
* Ponencia alñ Primer Coloquio Interdisciplinario Nicolaita. “Discusiones del México Actual”, efectuado en el marco del XC Aniversario de la UMSNH. Morelia, 15 al 19 de octubre de 2007. Publicado en la revista Realidad Económica No. 25. Morelia, Michoacán, Facultad de Economía “Vasco de Quiroga” de la UMSNH. Noviembre de 2008.

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