El SPUM en su predicamento

Eduardo Nava Hernández

El Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana, SPUM, es probablemente la organización gremial independiente más grande del estado de Michoacán; por su carácter de representación de un conjunto de trabajadores intelectuales con altos niveles de calificación —profesionales, muchos de ellos con títulos de maestría o doctorado—, es también un organismo particularmente apto para las prácticas democráticas y el ejercicio de la crítica, el libre pensamiento y la disidencia. Esas singulares características, sin embargo, no lo han librado de vivir, como el resto del movimiento sindical del país, un proceso de debilitamiento, estancamiento y aun retrocesos en sus relaciones con la parte contratante y en su vida interna.

               Una política deliberadamente orientada desde hace quince años a reducir la presencia de los sindicatos en la vida de las universidades y a revertir el papel independiente e impugnador que jugaron durante los años setenta y los primeros ochenta ha mermado sensiblemente la capacidad de negociación de la representación magisterial universitaria michoacana.

Pero no deriva sólo de ello la crisis por la que hoy día atraviesa el SPUM, sino del deterioro de su vocación democrática e independiente y de las confrontaciones internas que la dirigencia, lejos de saber manejar y superar, ha profundizado, llevándolas a su exacerbación en el recientemente concluido XVI Congreso sindical. Los conflictos se han generado en la aspiración del secretario general, el doctor Román Soria Baltazar, a concentrar en sus manos un poder incontestado, y han concluido en el atropello más flagrante de los Estatutos de la organización con la remoción de tres de los miembros del Comité Ejecutivo General en el marco de dicho Congreso. De hecho, el secretario Soria, en una acción inédita por su gravedad, ha colocado a la representación sindical en una situación de plena ilegalidad al otorgar sin fundamento jurídico alguno atribuciones de secretarios a tres profesores sindicalizados que ahora usurpan funciones en las carteras más importantes: las de Organización, Trabajo y Conflictos y Prensa. Tal situación no puede sino menoscabar la acción del sindicato en su conjunto, justo cuando se prepara la revisión anual del Contrato Colectivo de Trabajo y del tabulador de salarios donde las firmas de al menos los dos primeros de ellos son necesarias.

El SPUM llegó a su XVI Congreso en una situación delicada. Ninguno de los acuerdos del Congreso anterior se había cumplido durante el año transcurrido, ni la dirigencia podía mostrar logros o beneficios de carácter colectivo. Durante tres meses —entre marzo y mayo de este año— el periódico sindical tuvo que publicarse con aportaciones personales de un cierto número de agremiados, porque el secretario general le negó (también violando la legalidad interna) el financiamiento correspondiente, y después de esa fecha no se editó sino hasta el mes de septiembre. ¿La causa? Había que imponer criterios de censura previa al órgano, que tradicionalmente ha servido para la expresión de los profesores universitarios que han querido colaborar y comunicar temas de interés general.

               Mediante maniobras igualmente arbitrarias, el secretario general ha gustado de asignar funciones al interior del Comité Ejecutivo, sin respetar las que los ordenamientos legales prescriben y favoreciendo a los secretarios más próximos a su línea personalista. Mientras tanto, ha consentido con la inmovilización del sindicato violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo, particularmente en materia de contrataciones sin concurso de oposición, o con concursos arreglados, en dependencias como Odontología y Economía. Y cuando las secciones sindicales se han movilizado para impugnar la arbitraria asignación de plazas, les ha dado la espalda ignorando sus demandas.

               Por otra parte, él mismo u otros miembros del Comité Ejecutivo han alentado la división de las bases sindicales al tomar partido, incluso activamente, en conflictos generados en la impugnación de las direcciones de las dependencias, como en los casos de Veterinaria y la Preparatoria “José María Morelos”.

               El estilo personalista y caprichoso de conducción del secretario general generó respuestas dentro del propio Comité Ejecutivo, que al doctor Soria le parecieron intolerables. De ahí su esfuerzo por controlar la publicación del órgano sindical Proyección, negándole primero los recursos para su publicación y buscando manejarlo luego a través de un consejo editorial donde predominara su corriente. Paradójicamente, casi todas sus acciones las ha justificado con llamados a la “unidad” del sindicato, que, en el más puro estilo del corporativismo, parece ser para él sinónimo de acallamiento de cualquier forma de disidencia.

               Como culminación, procedió a remover a los secretarios que le parecieron incómodos (uno de ellos, el de Trabajo, Armando Sepúlveda, ya había de hecho renunciado en protesta contra los métodos sorianos de conducción). Pero ello se dio sin que se configurara ninguna de las causales de destitución previstas en el artículo 89 de los Estatutos, sin respetar el procedimiento previsto en el artículo 52 —es decir, una denuncia previa por escrito ante la Comisión de Vigilancia y un dictamen de ésta, presentado al Congreso General de Representantes— y sin que se cubriera en este último el quórum de dos tercios de sus integrantes, indispensable según la fracción V del artículo 26 para tomar una decisión de esa magnitud.

               Al proceder de ese modo, el doctor Soria Baltazar sí incurrió, en cambio, en la “extralimitación de funciones” que podría constituirse en causal de su propia remoción, si las comisiones autónomas de Vigilancia y de Honor y Justicia y el Congreso de representantes tuvieran una actuación apegada a la norma estatutaria.

               Por lo pronto, la consecuencia más inmediata de la irresponsable actuación de la dirigencia sindical es la profundización de las divisiones en el seno del sindicato y su debilitamiento moral y político, en un contexto general en que el movimiento laboral nacional se encuentra a la defensiva y con escasa iniciativa, y en vísperas de que en la Universidad Michoacana tengan lugar sucesos trascendentes como el nombramiento del nuevo rector definitivo y la revisión anual del contrato colectivo del sector académico. Mal y de malas, esa situación empuja al SPUM hacia el laberinto de la marginalidad en la vida universitaria y contribuye a anularlo como uno de los reductos de democracia e independencia sindical que hasta ahora se conservaban en Michoacán.

Morelia, Mich., 16 de octubre de 1998.


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