Monedero en Morelia: tesis para rearmar una izquierda desde la derrota*

Eduardo Nava Hernández

Por invitación del Partido del Trabajo en Michoacán, el 19 de septiembre sustentó Juan Carlos Monedero en Morelia una extensa conferencia con los militantes petistas e invitados, en la que dejó una serie de planteamientos de interés para las izquierdas, especialmente para la izquierda anticapitalista. La temática buscó centrarse en lo que es el subtítulo de su más reciente libro Menos realidades y más promesas: “El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento”[1].

            El texto, dice el autor, está escrito desde la derrota, pero no desde el derrotismo. Porque en estos tiempos de retroceso de los progresismos, el igualitarismo y la justicia social, y la afirmación y ascenso de la ultraderecha y los nuevos fascismos, en esta época de complejidad extrema como no se había visto desde los años veinte y treinta del siglo pasado, se requiere al mismo tiempo de conciencia crítica, voluntad de cambio y claridad política. “Pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad”, como lo expresara Romain Rolland y lo escribiera también Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel.

            Porque, expuso Monedero, cuatro cosas necesita la izquierda transformadora: El dolor, porque dolerse de la situación que se vive a nuestro alrededor y en el mundo es el punto de partida para reconocernos en la adversidad. Saber, ya que el conocimiento de la realidad, desde la observación y vivencias directas, pero también desde el estudio de la teoría para explicarla, es condición para acertar en nuestras acciones. Querer, que es la voluntad de actuar para modificar las cosas que deben ser cambiadas. Y hacer, puesto que la acción es la única manera de efectuar esa transformación.

            El teórico español y fundador del partido Podemos recomienda incorporar la noción de policrisis —conceptualización acuñada sobre todo desde el Foro Mundial de 2013— en el pensamiento revolucionario, y ante la adversidad de la situación, repensar la política desde la teoría y la acción. Hay, sin duda, una crisis ambiental que llega a amenazar a la humanidad entera y a la vida misma como ha subsistido durante millones de años. Las transformaciones involucran nuestras fuentes de energía, predominantemente de materia fósil, y plantean desafíos a la producción de alimentos para una población creciente. Hay también una crisis económica mundial que no se solventa desde los años setenta. Y una crisis migratoria por razones económicas, ecológicas y de violencia bélica. La humanidad alcanza el mayor nivel de desigualdad jamás conocido. El multipolarismo se abre paso mientras el imperio hasta ahora dominante decae frente a potencias emergentes como China. Y vivimos, en consecuencia, un cambio de época, la declinación del orden mundial prevaleciente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, del mundo unipolar pretendido por el imperialismo estadounidense desde el desmembramiento de la Unión Soviética en los años noventa. Una crisis epocal o, como diversos autores la han caracterizado, civilizatoria.

            La izquierda tiene frente a sí, en esas crisis, enormes desafíos. Tiene que ser consecuente con su ideario y también humilde. No puede ser antipática, regañona, frente a los grupos populares a los que busca conseguir para su causa. Necesita ser una opción que contribuya a transformar la vida cotidiana de la gente, una izquierda reformadora.

Sobre todo, no puede hacer la política de la derecha. Cuando los izquierdistas reproducen las posiciones y acciones de sus adversarios, la gente prefiere votar por las opciones de la “motosierra” que ofrecen “mandar todo a la chingada”, dijo Monedero. Y si por algo es complejo hacer política hoy día es porque abunda la confusión; hay incluso pobres que votan por sus verdugos, y no se les puede reconvenir como tontos. Han calado ya las ideologías de derecha, como la del evangelismo “de la prosperidad”, de origen estadounidense, que ofrece a sus fieles incluso el enriquecimiento, aunque el negocio real es para sus ministros. También están medios y recursos cibernéticos como La Derecha Diario y granjas de bots del argentino Fernando Cerimedo y el español Javier Negre, o la red social antes Twitter, hoy propiedad de Elon Musk. Todos ellos pensados para influir en millones de usuarios infundiendo la ideología del conservadurismo y la ultraderecha radical.

Por eso, explicó, si no somos capaces desde la izquierda de modular las palabras del pueblo que expliquen el dolor que hay en la sociedad, no podemos ganarnos a las mayorías. La pelea es cultural, cosa que la derecha ha entendido mejor, cuando se dota de medios de prensa, televisión, radio o digitales. La izquierda también necesita de sus intelectuales, orgánicos como los pensaba Gramsci, para traducir el dolor en ideas, en obras de arte, libros, que incidan en las mayorías que padecen esos dolores. No tenemos derecho a ser ingenuos.

Enfatizó el profesor de la Universidad Complutense de Madrid en la necesidad de asumir, como una de las grandes contradicciones del capitalismo actual el calentamiento global y la cuestión ambiental, que es uno de los aspectos más de la amenazantes de la policrisis internacional. Ya hoy hay medio planeta Tierra que es invivible por su nivel de devastación o desertificación.

En situación de crisis, la izquierda tiene que comenzar de nuevo y construir, si no se puede con grandes fuerzas, con lo que exista y lo que se pueda. Lo que no puede es pecar de ingenuidad ni quedarse inmovilizada mientras sus enemigos avanzan. Y en todo momento el movimiento social, no las elecciones, sigue siendo el aspecto central de la lucha desde su campo. En consecuencia, no son los caudillos los que hacen el movimiento A diferencia de las figuras de la ultraderecha, como Milei y De la Espriella, construidos desde los medios que el capital controla, es el movimiento político-social el que forma a los dirigentes de la izquierda.

El sectarismo es otro de los grandes vicios de la izquierda. Sin entender a otros y construir alianzas, amplias o limitadas, no se puede avanzar hacia los objetivos estratégicos. De ahí la importancia de distinguir entre estrategia y táctica y adecuarse a los cambiantes momentos. Hay que atreverse, ser audaces y abordar el tren sellado con dirección a Finlandia, como Lenin y sus compañeros bolcheviques en 1917.

Puesto que la gente se agrupa, de manera importante, en torno a sus intereses, hay que ayudar a mejorar la vida de la gente. Pero no basta con eso; hay que hacer que la gente entienda de dónde vienen sus mejoras, que es de la lucha por sus derechos. Aludiendo, quizás, a la consigna del 68: “seamos realistas, pidamos lo imposible”, Monedero sostiene que cuando algo no es posible con las reglas existentes, pero es necesario, hay que inventar una nueva realidad, una nueva dimensión. Romper los marcos con que nos quieren tener atrapados y salir de ellos.

Muy importante recuperar la conciencia y el relato de la clase obrera, hacer “cálculo de clase” para generar un pensamiento colectivo, no individual. También repensar las ideas y los valores en los que antes creía la izquierda y que hoy tiene que ser revisados. La riqueza no es infinita, porque la Tierra y sus recursos no son infinitos. Ello nos obliga a buscar las energías renovables, a rediseñar el mundo del trabajo. Desafíos como el de la inteligencia artificial, que llevan a desplazar a los trabajadores. Si pensábamos que la revolución la hacía la clase obrera, hoy eso hace imposible la revolución misma, porque ni siquiera los trabajadores se sienten clase obrera. Igualmente, la idea de que las reivindicaciones de las mujeres eran pequeñoburguesas, que hoy es inaceptable en una perspectiva de ampliación de derechos y de inclusión en las luchas por la transformación social.

Si antes no se entendía que los migrantes forman parte de nuestro entorno, hay ahora que asimilarlos a la práctica de las luchas. Y captar que el orden geopolítico se articula por intereses y no por valores, e incorporar contradicciones como que Irán puede tener una posición antiimperialista, pero su régimen limita derechos a las mujeres, o que Rusia, competidor de los Estados Unidos, ya no es la continuación del otrora régimen soviético e igualmente puede llegar a acuerdos con la derecha de Donald Trump. Todo ello es parte de la complejidad del mundo actual, que dificulta incluso la ubicación ideológica de quienes quieren orientarse por la izquierda y empujar transformaciones de fondo en la realidad social contemporánea.

El impulsor del movimiento Indignados de 2011 y cofundador de Podemos se pronuncia por la figura de partido-movimiento como el medio organizativo que puede dar salida a las aspiraciones de avance de las izquierdas. La forma partido para disputar y ocupar posiciones dentro del aparato de Estado, pero manteniendo una vinculación vital con las organizaciones y movimientos surgidos de la sociedad, aunque reconoce que los mecanismos de elección interna pueden llevar a divisiones entre corrientes y personas dentro del partido, cuando se trata de definir candidaturas. Un fracaso, dijo, en el caso de Podemos.

Los temas planteados son los que están en el debate de las izquierdas y son parte también de lo que los movimientos y partidos de esa tendencia en México tendrían que incorporar en un debate más amplio para entender su ubicación y su papel en estos complejos tiempos de transformación y transición en los que se requieren nuevos esquemas de pensamiento y formas de acción a la altura de las nuevas circunstancias.

Morelia, Michoacán, 24 de septiembre de 2026.


[1] Juan Carlos Monedero: Menos realidades y más promesas. El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento. Primera reimpresión. Colombia, Ediciones Fondo de Cultura Económica, 2025.

*Artículo publicado en el diario digital Cambio de Michoacán, 25 de septiembre de 2026.


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