CECILIA SOTO EN MICHOACÁN*

Eduardo Nava Hernández

La verdadera novedad de entre las campañas electorales que están a punto de culminar ha sido, sin discusión, la que han protagonizado el Partido del Trabajo y su candidata presidencial Cecilia Soto: una campaña que de manera consistente ha mostrado una trayectoria ascendente en los sondeos de opinión y de intención de voto, y que ha alcanzado en distintos momentos y en muchas regiones del país niveles de movilización que no han dejado de sorprender aun a quienes se precian de conocer en profundidad el ambiente político nacional.

     ¿Cómo explicarse un partido que, en su primera campaña presidencial logra colocarse ya como la cuarta opción y como una segura fuerza en la elección del 21 de agosto próximo, disputando terceros y segundos lugares en varios estados del país? ¿De dónde surge ese organismo que antes de cumplir dos años de fundado ganó la elección municipal en una capital de estado –Durango desde 1992– y revoluciona el concepto vigente de la administración publica municipal? ¿Quiénes son sus dirigentes nacionales, que viven no en zonas residenciales sino en las colonias populares de varias ciudades del país? Las repuestas a estas preguntas no se encuentran en las esferas de la sociedad política y los partidos convencionales, sino en los procesos de organización popular y la dinámica de las nuevas fuerzas y movimientos en construcción que han caracterizado a México desde 1968.

     El hecho es que Cecilia Soto y el PT han empezado a captar la atención de un significativo sector de ciudadanos para los que los partidos tradicionales no resultan ya atractivos. Han mostrado también que las tres principales opciones: PRI, PAN y PRD no cubren todo el espectro ideológico-político, y que desde hace varios años, en medio del páramo del neoliberalismo económico y el autoritarismo político con rostro “democrático”, existe en el ala izquierda un gran vacío. El reto de ocupar ese hueco con alternativas viables es producir, en el debate de los grandes problemas nacionales, un recorrimiento hacia la izquierda, más allá de los espacios de centro-derecha y centro que esas tres fuerzas y otros agrupamientos menos significativos se disputan. Por otra parte, se trata de dar viabilidad, a través de la movilización y organización ciudadanas, a una opción de cambio social que no dependa exclusivamente de la apuesta político-electoral y de las coyunturas de cambio de gobierno.

     La gran paradoja que ha rodeado al PT, a medida que ha incrementado su presencia, es la leyenda negra que se le ha querido crear, que lo presenta como un producto concebido, ejecutado y dirigido desde el gobierno salinista, o poco menos. Es paradójico que diversos sectores de la sociedad –inclusive de la oposición– no puedan tolerar una alternativa surgida auténticamente de la autoorganización social y con un proyecto de autonomía.

     Los usos y costumbres de la política mexicana, el agobiante presidencialismo y la estatolatría que 65 años de dominación priísta han infundido en la sociedad mexicana, limitan el horizonte de análisis muchos opositores. No conciben la acción autónoma de los grupos sociales y la emergencia de lo nuevo les parece sólo obra del poder gubernamental o, peor aún, no ha faltado en este caso el manido y desgastado argumento del complot extranjero planeado por la CIA. La crítica al PT se ha llevado más allá de lo válido, hacia posiciones denigrantes contra esfuerzos auténticos de organización social, y se ha convertido en un handicap durante la presente campaña.

     Nadie ha podido demostrar el supuesto paraestatalismo del PT en el debate político. El partido y las organizaciones sociales que lo integran no han apoyado a ningún candidato del PRI en parte alguna de la República, ni han hecho jamás alianza con el partido oficial; se han opuesto y han denunciado la política neoliberal de empobrecimiento de las masas que el actual gobierno aplica sin miramientos; sus diputados federales (cuando los tuvieron, entre 1988 y 1991) y locales en varios estados del país se opusieron a la contrarreforma política implicada en la modificación constitucional de octubre de 1989, avalada por el PRI y el PAN, y a muchas otras iniciativas gubernamentales; en varios estados, sus militantes han encabezado la movilización campesina contra las reformas salinistas al artículo 27 constitucional, y también contra el intento de Ley Inquilinaria del Distrito Federal, así como un sinnúmero de luchas reivindicativas. Sin duda, el PT es un partido vinculado a los sectores sociales movilizados en el país: maestros y sindicatos, movimientos urbanos, campesinos, de jóvenes y mujeres etcétera. Más aún, es un partido que ha surgido de esas mismas bases.

     Tampoco nadie ha podido demostrar, yendo más allá de inferencias y suposiciones, la acusación de ser un partido financiado excesiva e ilegalmente por el gobierno. Al presentar en esta misma semana un informe público del origen y uso de sus recursos económicos, el PT ha colocado a los demás organismos políticos en la obligación moral de rendir cuentas ante la opinión pública del destino de las prerrogativas legales para las campañas.

     La campaña del PT puede sintetizarse como la conjunción de una candidatura brillante, novedosa y atractiva como la de Cecilia Soto y una propuesta político-social sustentada en múltiples experiencias de organización, autogestión y movimiento popular. Sus ejes han sido el impulso a los movimientos sociales, la revaloración social del trabajo como actividad social productiva y útil, la reivindicación de un federalismo real y el fortalecimiento de las entidades, la apertura de espacios a las mujeres, la exigencia de recursos suficientes y oportunos para el campo y el cambio de las prácticas políticas antidemocráticas, entre otras cosas.

     El domingo 24 de julio Cecilia Soto estará nuevamente en Michoacán, sumando a lo nuevo a los grupos y ciudadanos que, como en el resto del país, se van convenciendo crecientemente de su propuesta. La parte más significativa de su visita será el atender la invitación de los trabajadores y cañeros del ingenio de Puruarán para conocer de manera directa uno de los problemas sociales más agudos del estado y alentar la búsqueda de una salida definitiva y de fondo a un conflicto que se prolonga ya por dos años sin respuesta satisfactoria por parte del gobierno federal y los propietarios de la factoría. En Morelia realizará actividades públicas de proselitismo, de presencia en los medios de comunicación y encuentros con militantes de diversos lugares del estado.

     Cecilia Soto ha venido a simbolizar la nueva presencia y desarrollo social de la mujer mexicana, de los sectores organizados autónomos y aun de los grupos minoritarios y marginales que empiezan a jugar un papel en la vida política del país. Su recorrido ha sido factor de impulso y fortalecimiento de los nuevos grupos sociales emergentes que aspuestan a su propia capacidad de lucha y de movilización. En una entidad como Michoacán, signada por las contradicciones sociales y un enorme peso de lo estatal, puede jugar también ese papel. Por eso le damos la bienvenida.

                             Morelia, Mich., 20 de julio de 1994.

*Artículo publicado en el diario Cambio de Michoacán, 21 de julio de 1994.


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