LA REVOLUCION ZAPATISTA, REVES DEL PROYECTO LIBERAL*

Eduardo Nava Hernández

El 1º de enero de 1994 se inició en la Selva y los Altos de Chiapas una guerra campesina, la más importante desde el levantamiento “cristero” de 1926-29, y una revolución política nacional. Carlos Fuentes la ha llamado ya la primera revolución de la era poscomunista.

     La doble caracterización puede sonar paradójica, de aplicarse los criterios más rígidos de distinción entre “revuelta”, “rebelión campesina” y “revolución”. No lo es tanto en la historia de México, en la que más de una vez han coincidido las luchas campesinas con la reforma social, desde la luchas socialistas de Julio López Chávez en Chalco y de La Barranca y Sierra Gorda, en la etapa de consolidación liberal, hasta, desde luego, el zapatismo de la Revolución. Si algún denominador común atraviesa estos y otros episodios de nuestra historia es, justamente, el haber surgido de la resistencia rural al proyecto liberal de privatización de la tierra.

     Planteadas así las cosas, a nadie debiera sorprender que la reactualización de ese proyecto de apropiación privada de la tierra, con la nueva redacción neoliberal del artículo 27 constitucional y de la legislación agraria, haya generado una vez más una reacción armada de gran envergadura en grupos campesinos. Como el zapatismo clásico, no ha sido de las ciudades sino del campo donde se ha gestado este nuevo impulso a la revolución social en el país.

     Pero en el EZLN y sus bases de apoyo tenemos también una movilización de masas autónoma, que plantea una perspectiva ideológica radicalmente distinta a la del régimen político vigente, y que lucha por el poder o se enfrenta al poder constituido. Su punto de engarce con la sociedad nacional es la demanda democrática de elecciones limpias y transparentes, que han llevado a la mesa de negociaciones en las pláticas de paz. Es este el aspecto más actual y modernizador de su lucha, y el que le ha permitido a los zapatistas entroncar legítimamente con los amplios sectores de la sociedad que se  oponen a las formas de dominación y consenso características del gobierno priísta.

     La sublevación chiapaneca ha modificado sustantivamente, por eso, el panorama político nacional. Mucho más que los procesos electorales y las movilizaciones de eso carácter, ha suscitado un viraje social: por primera vez, no el gobierno de Salinas de Gortari sino la política de reestructuración capitalista que éste representa –conocida convencionalmente como neoliberalismo— es cuestionada de manera práctica y denunciada nacional e internacionalmente. Chiapas anuncia el ocaso de una década de derechización de la sociedad (y no sólo del gobierno y sus aliados, sino aun de quienes se le han opuesto) y ha empezado a producir un viraje social hacia la izquierda. La debilidad del proyecto neoliberal se ha exhibido y éste está cuestionado como alternativa de reorganización social.

     La Universidad Michoacana, y la Escuela de Economía en particular, marchan no obstante con retraso frente a la nueva situación. ¿Qué piensan y hacen los estudiantes, los profesores, los trabajadores universitarios ante esta nueva situación? ¿Qué podemos esperar del proceso nacional iniciado con el año 1994? Resalta el hecho de que no existan expresiones organizadas de los universitarios en torno a los grandes procesos nacionales, y que la Universidad no se haya abierto a su discusión.

Morelia, Mich., 9 de marzo de 1994


por

Etiquetas:

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *