LA GUERRA SIGUE*

Eduardo Nava Hernández

Gracias EZLN por los días de luz que nos estás dando.

                                                       Andrea Bárcena.

                                                 Desplegado en Proceso,

                                                  7 de febrero de 1994.

La revolución iniciada en Chiapas el primer día de este año (la primera revolución de la era poscomunista, según la ha caracterizado Carlos Fuentes) continúa y se expande, aunque las armas callen. La tregua militar entre el EZLN y las tropas federales ha abierto un compás de silencio, a la espera de las negociaciones entre los insurgentes y el Comisionado presidencial para la Paz, Manuel Camacho Solís. Pero ese compás está siendo llenado, a medida que el tiempo transcurre, por un rápido e inesperado proceso de movilización y reorganización de la sociedad civil en torno al conflicto.

     Las noticias de los últimos días son bastante elocuentes: en Puruarán, los ex trabajadores del ingenio y cañeros (o al menos una parte de ellos) toman la resolución de unirse al EZLN y envían una comisión a tratar de entrevistarse con la Comandancia General del Ejército Zapatista. El movimiento nacional El Barzón ha reiniciado sus movilizaciones en varios estados y piden al obispo Samuel Ruiz fungir como mediador para la solución de sus problemas de cartera vencida. En el sur de Puebla, grupos campesinos y comunidades de la Mixteca, se desprenden del PRD para integrar el nuevo Movimiento Zapatista del Sur en apoyo a los planteamientos del EZLN. En el Distrito Federal se estructura una nueva coordinadora nacional de organizaciones de masas, con la participación del Movimiento Popular Independiente, los maestros de la Sección IX del SNTE, la UCEZ, grupos estudiantiles y, según se dice, otras casi 40 organizaciones. Otros ejemplos podrían multiplicarse a escala nacional. Por doquier, organizaciones indígenas, campesinas, populares, manifiestan, ya sin temor a la represión, su solidaridad al EZLN y a sus demandas.

     En Chiapas, campesinos e indígenas armados han comenzado a realizar tomas de tierras. El Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas, CEOIC, organismo promovido en un inicio por la Comisión Mediadora nombrada por el presidente Salinas, para aislar socialmente al EZLN de las comunidades y grupos campesinos, se ha convertido en un espacio donde se despliegan las demandas agrarias y étnicas, coincidiendo mayoritariamente con las posiciones del Ejército Zapatista. Su primer triunfo fue hacer retroceder las propuestas de la CNC y otras organizaciones oficialistas y haber forzado al presidente Salinas a ir a Chiapas el pasado 25 de enero a escuchar directamente sus demandas.

     Las denuncias de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos (ONGs), de la prensa independiente nacional y los corresponsales extranjeros han expuesto las violaciones y excesos cometidos por el Ejérciton nacional durante los combates de enero, y han mostrado la falta de autonomía y objetividad de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

     En los medios, la batalla también está siendo ganada por los insurrectos, no sólo a través de los demoledores y certeros comunicados del Subcomandante Marcos, sino también debido a la nueva movilización de la sociedad civil contra la política desinformativa y distorsionante de la televisión oficial: Televisa y la recién reprivatizada Televisión Azteca. La extensa entrevista de La Jornada y Multivisión con Marcos y la Comandancia General del EZLN ha echado por tierra definitivamente las versiones iniciales que presentaban a los insurgentes como “profesionales de la violencia”, “transgresores” y otras lindezas. También ha permitido clarificar ante la opinión pública la causa que mueve a los zapatistas y la legitimidad de sus propósitos.

     Desbordando, pues, los límites de la Selva y los Altos, la guerra se ha extendido sin tregua al conjunto de la sociedad nacional; se reproduce ahora por ondas expansivas hacia nuevos y mayores grupos de la sociedad civil. Después de diez años de derrotas, el movimiento popular pugna, por recuperar la ofensiva. La tregua es la prolongación de la guerra… por otros medios.

     De este modo, los tiempos corren a favor del EZLN y de los grupos sociales movilizados, y en contra del gobierno nacional. A medida que se acercan las elecciones de agosto y con ellas la escalada de la efervescencia política, se hace más urgente resolver la guerra de Chiapas e impedir que entronque con el apogeo de las campañas electorales o que afecte el desarrollo de la elección.

     Y no olvidemos que la actual tregua militar podría ser, en el más catastrófico de los escenarios posibles, el preámbulo de nuevos enfrentamientos para los que las condiciones están dadas en medio de un ambiente de tensión social en Chiapas (y no se puede descartar que en otros lugares del país). El Ejército nacional ha militarizado los Altos y la Selva con destacamentos llevados desde lejanos puntos del país; los finqueros han rearmado a sus guardias y de hecho se están preparando para defender sus propiedades por todos los medios, con el respaldo político del nuevo virrey chiapaneco, López Moreno. El Ejército Zapatista, por su parte, se encuentra intacto en la Selva, el medio donde parece invencible militarmente sino a costa de una campaña prolongada y sangrienta, de resultados impredecibles.

     Sin embargo, hasta ahora no aparecen con claridad los signos de la negociación. No en las palabras, sino en los hechos, los compromisos del gobierno priísta con los terratenientes chiapanecos son el obstáculo mayor para el avance de las negociaciones en lo central: la revisión democrática y a fondo del nuevo artículo 27 constitucional y la Ley Agraria aprobados en 1991 sin consulta con los campesinos; el desarme de las guardias blancas, que son el mayor factor de violencia y desestabilización social en Chiapas; el inicio de una verdadera reforma agraria en ese estado; la liberación de todos los campesinos e indígenas presos por conflictos agrarios y por los hechos del 1º de enero.

     Por eso la lucha civil de la sociedad no puede cesar. La tregua ha abierto un espacio singular, irrepetible en que los grupos sociales vuelven a tomar con su movilización el papel protagónico; las armas de los zapatistas callan, pero son la condición que hace posible ese papel e impulsan, aun desde su aparente opacidad, el avance de esa movilización. A pesar de la voluntad del gobierno de Salinas, el diálogo con el EZLN (y con el resto de la sociedad civil) no podrá excluir los temas nacionales que la nueva situación exige. A partir del 1º de enero, la revisión democrática del artículo 27 constitucional está en el orden del día, como lo están la credibilidad de las instituciones en general, la política social (Solidaridad pasó ya a ser un simple mito genial) y la reforma democrática y electoral. A estas alturas debiera ser evidente hasta para Joseph Marie Cordoba que si estos grandes temas no se incluyen en la agenda Camacho-EZLN, el diálogo carecerá por completo de viabilidad. La magnitud de la crisis ha llegado a un punto sin retorno: cualquier salida que se busque, si no ha de ser el golpe de Estado y a la guerra civil, tendrá que ser hacia adelante, hacia una real apertura de la democracia política y social que la nación, desde hace ya mucho rato, está esperando.

Morelia, Mich., 13 de febrero de 1994.

*Artículo en el diario Cambio de Michoacán, 15 de febrero de 1994.


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