ENTREVISTA
Eduardo Nava Hernández
Las haciendas de Lombardía y Nueva Italia se contaron entre las más grandes y sobre todo las más modernas y productivas de Michoacán. Fundadas en la primera década del siglo por el agricultor italiano Dante Cusi, llegaron a tener, con sus anexos, alrededor de 60 000 hectáreas, la mitad de ellas irrigadas por las aguas de los ríos Charapendo y Cupatitzio, que les permitían obtener dos abundantes cosechas de arroz al año y mantener en producción 80 mil árboles de limón.
En la también llamada Negociación Agrícola del Valle del Marqués surgió hacia 1930 o 1931 un movimiento de los trabajadores agrícolas en demanda de reconocimiento a su organización sindical, firma de un contrato colectivo de trabajo y respeto a las garantías laborales del artículo 123. Iniciado con el apoyo de la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo (CRMDT) que había fundado el gobernador Lázaro Cárdenas (1928-1932), el sindicato tuvo que enfrentar la represión durante el gobierno de su sucesor Benigno Serrato para lograr el reconocimiento de sus demandas. Los trabajadores de Nueva Italia y Lombardía protagonizaron en esa etapa tres huelgas: en mayo y en diciembre de 1932 y en diciembre de 1933 y enero de 1934. Esta última culminó en un enfrentamiento con tropas del ejército que dejó como saldo la muerte de cuatro trabajadores y veinte heridos. Gabriel Zamora, uno de los líderes de la organización sindical, fue asesinado en una emboscada.
Miguel Ángel Velasco llegó a la región en esa etapa. Le tocó participar en la negociación del segundo contrato colectivo con los hacendados y con el gobierno de Serrato, y en la consolidación del movimiento sindical..
En julio de 1938 las haciendas fueron expropiadas por el presidente Cárdenas, quien dispuso que fueran convertidas en ejidos colectivos. El trabajo sindical desapareció poco después, pero había sido un antecedente muy importante a lo que con seguridad fue la acción agraria más importante de ese sexenio en Michoacán.
Aquí se presenta el testimonio de Miguel Ángel Velasco como uno de los participantes en ese proceso. Es también la recuperación de uno de los episodios más olvidados de su trayectoria como militante y organizador sindical.
¿Cómo fue que usted llegó a la región de Nueva Italia a organizar los sindicatos?
Yo fui a Uruapan por una solicitud de los compañeros de ese lugar para que fuera a las haciendas de Lombardía y Nueva Italia, porque los peones querían organizarse para aminorar la explotación y hacerse respetar. Llegué a Uruapan y de ahí a Lombardía; me fui con los arrieros que regresaban de traer una parte de beneficios del arroz. Había un panadero que me alojó en su panadería. De Lombardía me fui a Nueva Italia y organicé a los peones igual que en Lombardía.
Hicimos una huelga y tuvimos que venir a la capital del estado para solucionar la huelga con la firma del contrato colectivo de trabajo. Ahí tuve la ocasión de hablar con el señor Cusi, el dueño de las haciendas. Cuando la primera discusión que tuve con él, me llamó así tantito y me dijo: mira, deja eso y mejor te voy a ayudar. Te voy a dar un pedazo de tierra para que tengas tu ranchito aquí. Le dije: no, yo no voy a vivir aquí. Me voy a ir, pero no me voy hasta que no quede firmado un contrato colectivo de trabajo en que se respeten todos los derechos que la ley consagra para los trabajadores. Se portó muy bien; accedió a las demandas fundamentales, que eran respetar la voluntad de los campesinos para organizarse sindicalmente, la jornada de ocho horas, el salario mínimo para los peones y, para los que estaban en los beneficios, una escala de salarios ascendente según la responsabilidad que tenían. Se organizaron en Lombardía y en Nueva Italia, pero Nueva Italia era, por decirlo así, la cabecera de la zona arrocera. Hice una buena amistad con Cusi. Él fue accesible. Firmó los contratos colectivos de trabajo. Logramos que se normalizara la situación y que quedaran bien asentados los sindicatos.
¿Por qué llegó usted a Lombardía?
Porque los compañeros de Uruapan me dijeron que había problemas en las haciendas; que tenían dificultades los sindicatos recién organizados. Me pidieron que fuera yo con el fin de consolidar a los sindicatos, y eso fue lo primero que hice, y cuando logré que tuvieran dirigentes ya probados tanto en Lombardía como en Nueva Italia planteamos el pliego de peticiones con la advertencia de que si no se atendían se paraban las labores. Y en efecto hubo un paro de labores muy breve, pero Cusi habló conmigo y se logró normalizar la situación, firmar los contratos colectivos de trabajo. Por primera vez los peones trabajaron de acuerdo con las normas legales: ocho horas máximo y pago de tiempo extra cuando por necesidades de la misma cosecha trabajaban más de ese tiempo.
Fue una de mis experiencias más importantes. No era lo mismo organizar un sindicato en una población grande que organizar un sindicato con peones que no solamente no sabían leer y escribir sino que muchos no habían pisado Uruapan, no habían salido de sus ranchos. Estaban muy atrasados, totalmente alejados de la realidad del país. No sabían más que de su zona de trabajo en el campo y había que aleccionarlos para que pudieran seguir manejando sus sindicatos.
¿Usted ya era dirigente nacional del Partido Comunista? ¿Dónde había estado antes trabajando?
Sí. Estuve en Monterrey, en Uruapan, en el occidente, hasta Sonora. Todo el país lo había yo recorrido.
¿Y la decisión de que usted fuera a Lombardía fue de usted o del Comité Nacional del Partido?
Fue mía. Los compañeros de Nueva Italia me lo pidieron directamente porque alguien les contó que yo tenía experiencia sindical y para organizarse necesitaban asesoría. Y no solamente los asesoré para organizarse sino que encabecé la comisión que ellos nombraron para discutir con Cusi el contrato colectivo de trabajo que planteábamos como una demanda.
Pero usted no perdió el contacto con la dirección nacional del Partido
Sí lo perdí. No me podía yo comunicar; no había manera. No podía yo escribir y si escribía dónde ponía yo mis cartas. Hasta que vine a Uruapan hice mis informes escritos. Me felicitaron porque era una tarea difícil organizar a los peones. Había que despertarlos y que entendieran alguna noción de lo que es un sindicato.
¿Cuánto tiempo estuvo ahí?
Yo creo que estuve como seis meses.
¿Usted entró a trabajar en la hacienda?
No. Fui a parar a la casita de un panadero que tenía ahí su hornito y que me dio hospitalidad. Había sido sindicalizado y me ayudó a reunir a los campesinos para orientarlos de cómo organizar sus sindicatos. Yo le ayudaba a su trabajo y él me sirvió de guía. No me acuerdo de su nombre.
¿Él era militante del Partido?
Era simpatizante, pero me dio una gran ayuda. Me llevó no solamente a las cabeceras de las haciendas sino a los ranchos.
¿Y había otros militantes comunistas antes de que usted llegara?
No. Yo organicé la célula. Deben haber llegado a ser unas dos docenas de militantes del Partido, no solamente en Lombardía y Nueva Italia sino en las unidades de trabajo que eran los ranchos.
¿Cuántos trabajadores había en el sindicato?
Había varios cientos en total.
¿Recuerda usted los nombres de los dirigentes del sindicato?
No. No los recuerdo.
¿El sindicato trabajaba abiertamente o en la clandestinidad?
Al principio tuvimos que andar en los ranchos. Teníamos que transitar con dificultad porque los caminos estaban controlados por las haciendas. Todo eso cambió después porque los dirigentes sindicales ya se pudieron mover de Lombardía a Nueva Italia o a los ranchos.
Y además de esa región de Lombardía y Nueva Italia, ¿había otros trabajos del Partido Comunista en Michoacán?
Sí, en Uruapan. Estaba la organización de inquilinos, una organización de trabajadores rurales de los ranchos de ahí.
¿Y después de que se firmó el contrato colectivo usted siguió ahí o se fue a otro lugar?
Seguí un poquito, nada más para que supieran qué era el contrato colectivo de trabajo y aprendieran cómo elegir su directiva sindical tanto en Lombardía como en Nueva Italia. Aleccioné a algunos compañeros en Uruapan, ya más listos, para que ellos siguieran asesorando a los sindicatos. Me acuerdo que el jefe de la Zona Militar era el general Félix Ireta y ese me dio garantías.
En 1938 el general Cárdenas convirtió las haciendas en ejidos colectivos y. ¿Qué pasó entonces con el sindicato? ¿Cómo tomaron los trabajadores la decisión del general Cárdenas de convertir la hacienda en ejidos?
Bueno, el sindicato transformó sus tareas. Ya no eran las de luchar por el contrato sino hacer que marcharan bien las plantaciones. La reacción de los trabajadores ya no me tocó verla, pero mientras no fue convertida la hacienda en ejido yo los estuve asesorando hasta que ya se dieron a sí mismos su dirección y no necesitaban.
Al general Cárdenas ya no le costó trabajo expropiar a las haciendas y hacer que los sindicatos se convirtieran en cooperativa.
Después de la expropiación de la hacienda y de que se transformó en ejido, ¿usted regresó alguna vez a Nueva Italia?
Fui una o dos veces. Me invitaron y estuve con ellos. Sólo una vez fui hasta Nueva Italia cuando las haciendas ya habían sido nacionalizadas por Cárdenas. Las otras veces los veía en Uruapan, porque como a cuatro kilómetros de ahí, en Zumpimito, estaban la planta aquintaladora y el almacén en donde se concentraba todo el arroz que venía de las haciendas y ya de ahí se embarcaba en camiones más grandes para traerlo al centro.
*Entrevista realizada en el domicilio del actor el 12 de enero de 1998. Publicada en la revista Memoria No. 111, México, D. F., Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, mayo de 1998. https://n9.cl/1cp6lw

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