SISTEMA POLÍTICO Y FORMA DE ESTADO

Eduardo Nava Hernández

¿Cómo definir conceptualmente al sistema político y cuál es su utilidad en el análisis de una realidad concreta como, en este caso, la mexicana? En principio, y en beneficio del rigor analítico, es útil diferenciarlo de otras categorías con las que está relacionado y con las que por imprecisión se lo llega a confundir.

     El concepto mismo, sistema político, nos remite de inmediato a la teoría sistémica desarrollada durante los primeros años sesenta, particularmente en los Estados Unidos por autores como David Easton y Almond y Powell. Apunta al “conjunto de instituciones, de grupos y de procesos políticos caracterizados por un cierto grado de interdependencia recíproca”[1].

     En forma más precisa, el concepto de sistema político se diferencia del de régimen político; tradicionalmente, éste se encuentra referido a una determinada configuración de instituciones de carácter específicamente político: gobierno, orden jurídico, sistema de partidos, parlamento, etc. Es decir, la forma de régimen se refiere a las modalidades como concretamente se articula la dominación de clase, en función de las características históricas del aparato de Estado y de la forma de gobierno, así como del conjunto de instancias que participan en la estructuración del poder. El primero, en cambio, abarca a “todos los factores formales e informales que inciden en la vida política y que explican el funcionamiento político de un país como un todo”[2]. En esa noción se incluyen, pues, los llamados factores reales de poder y grupos de interés en tanto que éstos se expresen políticamente: agrupaciones empresariales, asociaciones profesionales y gremiales, sindicatos, fuerzas armadas, corporaciones en general, iglesias, organismos no gubernamentales y movimientos sociales, etcétera.

     Tanto el sistema político como la forma de régimen se distinguen, a su vez, de la forma de gobierno, en tanto ésta se restringe a describir una modalidad determinada de ejercicio del poder del Estado[3]: monarquía absoluta o constitucional, república, bonapartismo, dictadura, democracia, etcétera.

     Los tres conceptos: sistema político, forma de régimen y forma de gobierno, tienden a explicar los rasgos y conformación particular que adquiere el Estado nacional y el orden político en formaciones sociales determinadas, es decir lo específico de una situación nacional dada. Sin embargo, siendo también el estado nacional una expresión de necesidades más generales de la reproducción social, y a pesar de la diversidad de formas políticas que adopta en las distintas formaciones nacionales, es posible, reconocer elementos estructurales, rasgos y sustratos comunes a todos o a varios Estados, lo que permite hablar de formas de Estado propias de determinadas etapas de desarrollo.

     La recuperación del concepto de forma de Estado, al captar la relación del aparato estatal con la reproducción social capitalista y los niveles de desarrollo económico, intenta asumir una visión totalizadora que, si bien se centre en el análisis de lo político, sea capaz de explicar esta esfera dentro del conjunto de relaciones sociales al que pertenece. Su referencia a la economía mundial lo ubica en un sistema global de producción, que es determinante sobre el conjunto de las formaciones socio-económicas particulares que lo integran[4].

     Se entiende aquí por formas de Estado las variantes estructurales, orgánicas, políticas, jurídicas e ideológicas que, correspondiendo a los distintos grados de desarrollo del sistema de relaciones de producción capitalista caracterizan determinadas modalidades de articulación del Estado con el proceso de reproducción económico-social. Son los progresos alcanzados en la reproducción del capital por una formación social capitalista lo que condiciona en ella la existencia de una forma de Estado, entre otras cosas, por: a) el carácter de la relación general Estado-economía o Estado-reproducción social; b) el grado de autonomía estatal frente al poder económico; c) las funciones y extensión del aparato de Estado, así como el tipo y alcances de su intervención en la economía; y d) los métodos concretos de dominación política y de ejercicio del poder estatal[5].

     La forma del Estado debe distinguirse, entonces, del tipo de Estado, que conceptualmente nos refiere únicamente la naturaleza de las relaciones sociales de producción, la estructura de clases y por tanto la índole social de la dominación. El tipo de Estado nos indica, así, que se trata de un estado capitalista, a diferencia del que priva en otros sistemas sociales de producción: feudal, esclavista, de despotismo asiático, etcétera.

     La forma de estado no debe confundirse tampoco con las formas de gobierno o de régimen político. Dentro de un mismo tipo y una misma forma de Estado es posible encontrar diferentes modalidades de gobierno y/o de régimen político[6].

     En la formación social latinoamericana encontraríamos que con frecuencia una misma forma de Estado (el Estado oligárquico, por ejemplo) se ha presentado bajo diferentes formas nacionales de gobierno, aparatos de Estado y de régimen político (la república democrática en unos casos, la monarquía en otros, la dictadura militar en otros más). Partimos de considerar que, históricamente, diversas formaciones sociales de América Latina -y entre ellas principalmente se podrían contar las de mayor desarrollo capitalista- han mostrado tendencias a sincronizar sus procesos económicos y a compartir la misma forma de Estado, a pesar de manifestarse ésta bajo muy diversas modalidades políticas e ideológicas de carácter nacional. Los así llamados Estados (o gobiernos) oligárquicos abarcan toda una fase del desarrollo del capitalismo en el continente, para ser sucedidos luego por gobiernos que, impulsados por procesos revolucionarios o reformistas, o bien simplemente sustentados en un nacionalismo de masas, instauraron nuevas modalidades de dominación caracterizadas como populistas y que iniciaron o aceleraron la modernización de las relaciones de producción capitalistas. En muchos casos, esta forma de Estado subsistió durante los años cincuenta y aun en los sesenta, cuando se impusieron con mayor vigor las tendencias a la internacionalización de las relaciones económicas. Es, en términos generales, a partir de la segunda posguerra, y sobre todo en la década del sesenta, cuando, al impulso de una dinámica reestructuración del capitalismo a escala mundial, se completa la integración de las economías latinoamericanas al circuito internacional del capital, acentuándose entonces, entre otras cosas, la identidad de las estrategias económicas de desarrollo y modalidades de regulación entre los distintos estados nacionales. La forma de Estado que corresponde a esta etapa, sus niveles de autonomía, mecanismos políticos de ejercicio del poder y métodos de control e intervencionismo económico no han sido quizás suficientemente estudiados por las ciencias sociales en América latina como para integrarlos en una visión de conjunto de su dinámica social.

     Caracterizar la forma de Estado supone comprender en lo general la fase del desarrollo económico, sus nexos con el sistema mundial, y los modos específicos de reproducción del capital para cada momento de su evolución. En lo político, la definición de la forma de Estado implica reconocer las formas de ejercicio del poder que, en una nación, corresponden mejor a las exigencias de la reproducción económico-social de ese sistema para una fase determinada. En concreto, supone poder captar los vínculos entre la llamada esfera de lo político y la estructura económica que le sirve de base.

     Se distinguen metodológicamente tres niveles que en su imbricación pretenden dar cuenta del conjunto y que necesariamente integran cualquier intento de visualización global de la realidad social desde una perspectiva materialista. El primero de ellos es la estructura económica, condicionada por el grado de desarrollo de las relaciones de producción prevalecientes, así como por la inserción del aparato productivo nacional en el contexto del mercado mundial. El segundo aspecto comprende la caracterización de la estructura de clases en la que se visualizan, además de los rasgos definidos por el sustrato económico, la experiencia histórica, las formas de organización y la ideología de los grupos y sectores en los que las clases mismas se manifiestan. Finalmente, en interrelación con esos elementos, el orden político-jurídico cuya síntesis más acabada es el aparato de Estado. Este último no sólo es condicionado por las estructuras productivas y de clase, sino que se constituye desde todo punto de vista un elemento actuante del desarrollo capitalista nacional.

                     Coyoacán, D. F., 29 de agosto de 1996.


    [1] Giuliano Urbano, “Sistema político”; en N. Bobbio y N. Mateucci, Diccionario de política, vol. 2, tercera edición, México, Siglo Veintiuno Edits., 1985, pág. 1522.

    [2] Claude Heller, Poder, política y Estado. México, ANUIES/Ed. Edicol, 1976. Pág. 29.

    [3] Pío García, América Latina: ciencias sociales y realidad política. México, facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 1980, pág. 21.

    [4] “Para el método dialéctico todo —sea lo que sea— siempre gira en torno del mismo problema: el conocimiento de la totalidad del proceso histórico. Por eso, para él los problemas ‘ideológicos’ y `económicos’ pierden su recíproca extrañeza y fluyen los unos en los otros. El tratamiento histórico problemático se convierte efectivamente en una historia de los problemas reales”. Georg Lukács, Historia y conciencia de clase.México, Ed. Grijalbo, 1969, págs. 37-38.

    [5] “Así como el concepto de tipo de Estado se refiere al carácter de las relaciones de producción que le sirven de base, el concepto de forma de Estado se refiere a las distintas fases y estadios de desarrollo de un mismo modo de producción. Las formas de Estado corresponden al grado de crecimiento de las fuerzas productivas que, al interior de un mismo tipo de Estado, condiciona tales fases y estadios entrañando articulaciones específicas entre la organización social de la producción y el Estado, que se representa en su propia composición estructural de injerencia en la economía y las diversas instancias de la realidad social”. Pío García, Loc. cit.

    [6] “Las diferentes formas de Estado pueden presentarse bajo diferentes formas de régimen, siendo el punto común de las diversas formas de régimen que pertenecen a la misma forma de Estado. Por ejemplo, el Estado liberal puede presentar tanto la forma de régimen de la monarquía constitucional -Gran Bretaña- como la de la república parlamentaria -Francia. El Estado intervencionista puede presentarse bajo varias formas de régimen: régimen presidencial norteamericano, régimen parlamentario inglés de dos partidos, régimen parlamentario europeo-continental multipartidista. Esas diferencias de las formas de régimen no pueden referirse directamente a la periodización de una formación de estadios, periodización concerniente a las relaciones del conjunto de las instancias: dependen de la temporalidad particular -por lo tanto de las estructuras específicas- del nivel político”. Nicos Poulantzas, Poder político y clases sociales en el Estado capitalista. México, Siglo Veintiuno Edits., 1982, pág. 192.


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