El sindicalismo y la reconversión del trabajo académico universitario*

Eduardo Nava Hernández

Es sabido que la reestructuración salvaje del capitalismo en crisis implica de manera esencial la ofensiva contra el sindicalismo y la tendencia a individualizar (o “flexibilizar”) las relaciones laborales y aún el salario, y la anulación o debilitamiento drástico de los mecanismos de negociación (contratación) colectiva de los trabajadores.

Esa flexibilización se ha impuesto en México a costa de espectaculares derrotas a los destacamentos obreros más activos (en Volkswagen la más reciente); pero se trata de una tendencia que se ha generalizado y al conjunto de la clase trabajadora, y que ha llegado a los sectores más alejados del proceso productivo directo. Me refiero ahora al magisterio universitario, que conforma uno de los contingentes más importantes del sindicalismo independiente y hoy atraviesa por una situación de verdadera crisis, que se ejemplifica en el Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana (SPUM).

Los ejes de la ofensiva neoliberal —y del desfallecimiento sindical en el sector académico han consistido, al igual que en otros segmentos de la fuerza de trabajo, en “flexibilizar” o individualizar las relaciones laborales y salariales, y en segmentar a los trabajadores en una multiplicidad de categorías con intereses diferenciados, introduciendo entre ellos relaciones de competencia, más que de colaboración y solidaridad. La política oficial ha consistido en aplicar a los docentes topes salariales análogos a los del resto de la clase trabajadora, y buscar formas alternativas para compensar la pérdida salarial de un sector de los profesores universitarios. Desde hace dos o tres años se han aplicado, así, diversas medidas que paulatinamente acabaron por imponer el salario por productividad, por encima del salario contractual: primero, la llamada homologación, que estratificó a las profesores en diversas categorías como profesor-investigador titular, asociado o técnico-académico, de tiempo completo, de medio tiempo o por asignatura; después, se ha complementado con estímulos a la productividad individual: Sistema Nacional de Investigadores, becas al desempeño académico, etcétera. De este modo, el salario base contractual de los profesores más productivos, los que le interesa a la institución conservar termina por no ser más que un porcentaje de sus ingresos reales, que incluyen los estímulos y otras primas de productividad. Aquél se mantiene rezagado, mientras que estos permiten sobrellevar la crisis a esa especie de élite académica en gestación.

El sistema de estímulos es la expresión del productivismo y el elitismo académico en las instituciones universitarias. En su base esta la concepción con la que fue diseñado por la Secretaría de Educación Pública y que, con variantes, se aplica ahora en casi todas las universi­dades del país: desarrollar una academicismo multimodal y productivista, donde el sujeto dispersa y “flexibiliza” sus aptitudes, del mismo modo que el capital busca del obrero la ubicuidad en el proceso de trabajo fabril. No se premia la especialización y constancia en el desarrollo en un área de la actividad económica sino la productividad de corto plazo, los resultados inmediatos.

 Además de reducir porcentualmente las prestaciones como aguinaldo, primas vacacionales, etcétera, vinculadas al sueldo base, no al sueldo por productividad, por esta vía se logra desactivar la negociación colectiva como mecanismo de incremento salarial y fortalecer el papel de la burocracia universitaria en la evaluación y orientación del trabajo académico. Subjetivamente, cada trabajador buscará mejorar sus niveles de productividad, pero sólo en aquellos rubros que le permitan mejorar sus niveles de puntuación. La negociación, en última instancia se atomiza y excluye al sindicato y a cualquier otra forma da coalición de los trabajadores.

Aplicadas estas medidas en la Universidad Michoacana, el sindicalismo magisterial (SPUM) atraviesa hoy, bajo la conducción del doctor Jorge Mancebo del Castillo, por los peores momentos de su historia. Ausentes la unidad, la democracia y la independencia que le dieron vida a lo que en otros tiempos fue un producto característico de la lucha de los trabajadores, ha dejado de ser, un sujeto actuante en la vida institucional y de los asuntos directamente relacionados con el sector magisterial. Así se demostró durante el proceso de homologación en el que el sindicato perdió la cláusula de la bilateralidad (clausula XV transitoria del CCT de 1989) y fue incapaz de hacer nada contra la aprobación y por el Concejo Universitario de un Reglamento del Personal Académico lesivo a los intereses del  profesorado y al propio Contrato colectivo. Mas reciente como queda dicho, ha sido marginado inclusive de toda la participación en incrementos salariales concedidos a los académicos de tiempo completo, en violación flagrante del Contrato Colectivo de Trabajo.

Nuestro sindicato universitario no ha podido encontrar a si una salida a los entrampamientos que le ha planteado la política neoliberal. Obligado por su naturaleza a defender sus interese colectivos y generales de todos los profesores, se encuentra amenazado por la creciente decisión de sus propias bases y por una política que le margina (y con él al trabajo individual) de muchas de las decisiones fundamentales en el proceso educativo. El liderazgo del doctor Mancebo de castillo a creído justificar su existencia, no negociando prestaciones colectivas para los trabajadores. Si no promociones comerciales y ofertas de temporada: venta de llantas, automóviles, tarjetas de crédito, anteojos, artículos domésticos y de papelería, etc., y nadie entre los afiliados es tan ingenuo para pensar que en ello no hay ningún beneficio económico para su Comité Ejecutivo.

En Michoacán, como en muchos otros puntos de país, el sindicalismo universitario fue en su origen producto de sacudimiento que, dentro de las instituciones educativas de nivel superior represento el movimiento estudiantil-popular de 1968, de las luchas sostenidas por los diversos destacamentos de la clase trabajadora y de la rica y noble tradición critica del nicolaísmo y la experiencia de la generación universitaria de los sesenta.

Su contribución a la Universidad y a la vida social y laboral de Michoacán, después de lo obligado receso abierto por la represión de los años sesenta fue reconstruir en sus inicios los espacios para que en la Universidad se volviera a hacer política universitaria. Avances como el establecimiento de los concursos de oposición para seleccionar el personal académico, la estabilidad laboral y en gran medida el proceso de elaboración de una nueva ley Orgánica más democrática no se explicaran sin la participación del sindicato. Sus aportaciones en la vida académica y política de la UMSNH son indiscutibles por esas razones y por la necesidad concreta de responder a las nuevas formas de control sobre el trabajo docente, en un sindicato que no debe también luchar desde las bases por su propio renacimiento.

Morelia, Michoacán, 12 de octubre de 1992

  • Artículo publicado eb el diario Cambio de Michoacán, 15 de octubre de 1992.


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